Es la conclusión principal de un nuevo estudio del ICM-CSIC que desvela cómo la lluvia en las ciudades vierte basura a los caladeros en pocas semanas, mientras que la fuerza de los ríos la empuja hacia zonas más profundas.
Un equipo multidisciplinar integrado por especialistas en geología, física y biología del Instituto de Ciencias del Mar (ICM-CSIC) y el ICATMAR ha logrado trazar por primera vez la relación cuantitativa entre los episodios de lluvia y la acumulación de basura en el fondo marino. El estudio, publicado en la prestigiosa revista Environmental Pollution, analiza el impacto de las aguas de escorrentía urbana y los caudales de los ríos en las zonas de pesca del noroeste del Mediterráneo.
La investigación se ha basado en un seguimiento sistemático realizado entre los años 2019 y 2024, analizando un total de 236 muestreos de pesca de arrastre realizados por el ICATMAR a lo largo de la costa catalana.
A través de la prueba de 54 combinaciones entre estaciones meteorológicas y caladeros, los científicos han evaluado cómo afectan los periodos post-precipitación de 2 a 20 semanas y los incrementos de caudal fluvial. Los resultados confirman de forma clara que el agua de lluvia asociada a entornos urbanos, junto con la actividad de los aliviaderos del alcantarillado, es un factor determinante en la llegada directa de plásticos y otros residuos a los fondos donde faena la flota pesquera.
"Hasta ahora sabíamos que la lluvia movilizaba la basura terrestre hacia el mar, pero determinar una relación cuantitativa precisa entre la precipitación y el residuo que realmente acaba depositado en los fondos de pesca era un reto científico muy complejo", explica el investigador del ICM-CSIC Xavier Garcia, autor principal de la investigación. "Esta visión transversal, integrando la geología marina, la física de fluidos, la biología y la gestión de recursos, nos ha permitido entender que no todos los orígenes ni todos los episodios de lluvia actúan de la misma manera, y que el tipo de conexión hídrica es clave para predecir dónde se acumulará el residuo", añade.
Dos dinámicas opuestas
El análisis de los datos ha permitido al equipo identificar dos comportamientos claramente diferenciados. En los llamados puertos de Tipo A, la precipitación urbana provoca un aumento directo de las basuras en los caladeros, un efecto que suele alcanzar su punto máximo entre 2 y 5 semanas después de las lluvias. Esta rapidez confirma que el drenaje urbano deficitario y la actividad del alcantarillado en momentos de precipitación intensa son la vía de entrada más inmediata e impactante para los fondos de pesca de arrastre.
Por el contrario, los puertos de Tipo B presentan una dinámica fluvial totalmente diferente. En lugar de aportar más residuos a los caladeros habituales, los grandes incrementos de caudal de los ríos tienen principalmente un efecto de vaciado o limpieza (washout), arrastrando las basuras ya existentes hacia zonas mucho más profundas fuera del alcance de los barcos de pesca. En cinco de los seis puertos conectados a ríos analizados, las crecidas redujeron la presencia de residuos entre un 13% y un 100% por cada incremento de 100 m³/s de caudal. La única excepción se detectó en Vilanova i la Geltrú, donde la acumulación procede del transporte desde la desembocadura del Llobregat (en un 12%) combinado con una fortísima contribución (de un 88%) por parte de la lluvia local.
Además, el trabajo enfatiza que la elección de la estación meteorológica que recoge los datos de lluvia es un factor crítico para determinar su impacto en la acumulación o no de residuos. Así, para un mismo municipio, la elección de la estación meteorológica produjo estimaciones de variación de residuos que iban desde el -62% hasta el +88% por cada 10 mm de lluvia, lo que demuestra que la simple proximidad geográfica no garantiza una conexión hidrológica real.
Un cambio de paradigma en la gestión del litoral
Estos hallazgos tienen implicaciones directas en la manera en que las administraciones deben diseñar las políticas de protección marina y las infraestructuras de saneamiento. La investigación evidencia que la gestión no puede ser uniforme, sino que hay que diseñar las soluciones a medida de cada zona litoral. En las áreas donde predomina el impacto urbano de Tipo A, la prioridad absoluta debe ser la mejora de las infraestructuras de drenaje, la retención de aguas pluviales y el control de los aliviaderos urbanos para frenar la entrada de plásticos y otras basuras a los fondos más cercanos a la costa.
"Nuestros resultados demuestran que las estrategias de gestión deben ser necesariamente locales y adaptadas a la realidad de cada punto del litoral", concluye la investigadora del ICM-CSIC y del ICATMAR Eve Galimany. "Mientras que en determinadas áreas la prioridad absoluta debe ser mejorar la red de alcantarillado y el drenaje urbano para evitar que la lluvia arrastre basuras a los caladeros en pocas semanas, en general hay que promover acciones de prevención de residuos. Entender estos mecanismos es una herramienta fundamental para proteger nuestros ecosistemas marinos y la sostenibilidad del sector pesquero".