Noticias | 26 Marzo 2026

Jordi Solé (ICM-CSIC): “Aplazar la reducción de emisiones nos aboca a una transición más traumática y desigual”

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En el “A Fondo” de este mes hablamos de la emergencia climática, los límites del crecimiento y los retos de la descarbonización con Jordi Solé, jefe del Departamento de Oceanografía Física del ICM-CSIC.

Los presupuestos de carbono marcan el límite de emisiones que el sistema climático puede absorber antes de superar determinados niveles de calentamiento / Pixabay.
Los presupuestos de carbono marcan el límite de emisiones que el sistema climático puede absorber antes de superar determinados niveles de calentamiento / Pixabay.

El periodista y ensayista polaco Ryszard Kapuściński decía que el mundo nos habla a menudo a través de silencios incómodos y de cifras que esconden tragedias humanas. Hoy, el grito no proviene de una guerra en la Angola profunda ni de una revolución en las calles de Teherán, sino de una sala de conferencias en el Instituto de Ciencias del Mar (ICM-CSIC). Allí, Jordi Solé, investigador del centro, no observa movimientos de tropas, sino el desplazamiento de las partículas de carbono en el aire que respiramos.

La reflexión que sigue nace de la charla “El colapso sistémico actual: síntomas, mitigación, adaptación e implicaciones en los océanos”, que Solé impartió el pasado mes de febrero en el Instituto de Ciencias del Mar (ICM-CSIC), una intervención en la que expuso con claridad los riesgos de retrasar la acción climática y las tensiones crecientes entre nuestro modelo económico y los límites físicos del planeta.

Físico de formación y experto en modelización climática y transición energética, Jordi Solé combina la investigación científica con el asesoramiento en políticas públicas. Actualmente forma parte del Comité de Expertos sobre Cambio Climático de Cataluña, un órgano colegiado del Parlamento de Cataluña creado para asesorar al Parlamento y al Gobierno sobre presupuestos de carbono con el objetivo de alcanzar la neutralidad de emisiones en el año 2050.

“Cuanto más retrasemos la reducción de emisiones, más drásticas tendrán que ser las medidas que habrá que aplicar”, afirma el investigador, resumiendo uno de los principales consensos de la comunidad científica.

En este contexto, Solé subraya que las decisiones políticas en materia climática están condicionadas por un límite físico: el presupuesto de carbono, es decir, la cantidad total de gases de efecto invernadero que aún se pueden emitir sin superar determinados umbrales de calentamiento global. Según explica, cada año de retraso en la reducción de emisiones reduce el margen de actuación disponible en el futuro.

El tiempo y el límite del presupuesto de carbono

Una de las ideas centrales que destaca el investigador es que el retraso en la acción climática tiene consecuencias directas sobre la magnitud de las medidas que habrá que aplicar más adelante. Cuanto más tarde se inicie la reducción de emisiones, más rápida e intensa tendrá que ser la transformación del sistema energético y productivo.

Asimismo, Solé recuerda que los presupuestos de carbono marcan el límite de emisiones acumuladas que el sistema climático puede absorber antes de superar determinados niveles de calentamiento. Si una parte importante de este presupuesto se consume en pocos años, el margen restante se reduce y obliga a aplicar reducciones mucho más rápidas en el futuro, con posibles impactos económicos y sociales más intensos.

Esta urgencia, explica el experto, contrasta a menudo con los ritmos de la política y de la toma de decisiones públicas, que tienden a estar marcados por horizontes a corto plazo. Para Solé, esta desconexión entre los tiempos de la política y los tiempos del sistema climático es uno de los principales riesgos a la hora de afrontar la crisis climática. Según defiende, las políticas públicas deberían reflejar con mayor coherencia la magnitud del reto y la necesidad de actuar con anticipación.

El espejismo del crecimiento y la fractura social

A medida que avanza la charla, el físico analiza algunas de las principales contradicciones de nuestro modelo económico y social ante la crisis climática. En este contexto, recuerda que los impactos del cambio climático no se distribuyen de manera igual. El calentamiento global actúa a menudo como un multiplicador de desigualdades: las comunidades con menos recursos son también las más expuestas a la escasez de agua, a las olas de calor en viviendas con poco aislamiento o al aumento del precio de los alimentos provocado por fenómenos meteorológicos cada vez más irregulares.

En este contexto, Solé también cuestiona la idea de que el crecimiento económico puede continuar indefinidamente sin impactar los sistemas naturales. Según explica, los datos muestran que, hasta ahora, el crecimiento del sistema económico capitalista ha ido acompañado de un aumento del consumo de recursos y de una velocidad cada vez mayor en la superación de límites planetarios. Por ello advierte que confiar únicamente en lo que a menudo se presenta como “crecimiento verde” puede generar una falsa sensación de seguridad si no va acompañado de cambios estructurales en la forma de producir y consumir.

Para Solé, la confianza excesiva en soluciones tecnológicas que aún no existen a gran escala también puede retrasar decisiones necesarias. En este sentido, defiende la necesidad de un debate público honesto sobre los retos de la transición energética: un debate que reconozca tanto los costes como las oportunidades del proceso, sin minimizar la magnitud del problema, pero tampoco sin caer en un alarmismo paralizante.

Su mensaje final es claro: el tiempo es un factor clave en la respuesta a la crisis climática, pero no es el único elemento determinante. Tal como señala, también existe una resistencia a cambiar el sistema socioeconómico actual, lo que dificulta aún más la acción. Cuanto más se retrasen las medidas para reducir emisiones, más difícil y abrupta puede ser la transición en el futuro. Por ello, subraya la necesidad de prepararse para los cambios sociales y culturales que vendrán, tanto si se planifican como si acaban imponiéndose de la peor manera.