News | 11 March 2016

Primer hallazgo de la relación entre las fallas y el agua que entra en la Tierra durante la actividad tectónica

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Un equipo internacional liderado por la Universidad de Southampton (Reino Unido) y con participación de César Ranero, investigador ICREA en el Departamento de Geociencias Marinas del ICM, ha descubierto que las fallas tectónicas controlan la cantidad de agua que entra en la tierra a varios kilómetros de profundidad.

Primer hallazgo de la relación entre las fallas y el agua que entra en la Tierra durante la actividad tectónica

Un equipo internacional liderado por la Universidad de Southampton (Reino Unido) y con participación de César Ranero, investigador ICREA en el Departamento de Geociencias Marinas del ICM, ha descubierto que las fallas tectónicas controlan la cantidad de agua que entra en la tierra a varios kilómetros de profundidad. Los resultados, publicados en la revista Nature Geoscience, tienen implicaciones a gran escala, ya que la reacción entre el agua marina (hidrosfera) y las rocas (litosfera) a gran profundidad causa un intercambio geoquímico que produce energía y nutrientes que pueden ser usados por diversos ecosistemas anaeróbicos.

Los científicos llevaron a cabo los experimentos en margen continental del oeste de la península Ibérica. Allí se produjo la formación de fallas al separarse los continentes de Norteamérica de Europa, hace unos 120 millones de años. El trabajo se basa en el uso de ondas acústicas para determinar la distribución de la serpentinita, un mineral que se forma cuando el agua marina entra en contacto con rocas profundas de peridotita, bajo la corteza terrestre.

“Los resultados del estudio indican que la cantidad de serpentinita que se forma en la base de cada falla es proporcional a el desplazamiento de dicha falla, que a su vez está relacionado con la duración de su actividad tectónica”, indica César Ranero.

El trabajo también estima la velocidad media a la que el agua del mar entra en el manto terrestre a través de las fallas. “Este ritmo es comparable al estimado para la circulación del agua en rocas calientes en las dorsales oceánicas, donde son comunes las formas de vida anaeróbica”, concluye Ranero.

Artículo de referencia

G. Bayrakci1, T. A. Minshull, D. S. Sawyer, T. J. Reston, D. Klaeschen, C. Papenberg, C. Ranero, J. M. Bull, R. G. Davy, D. J. Shillington, M. Perez-Gussinye, J. K. Morgan. "Fault-controlled hydration of the upper mantle". Nature Geoscience. doi:10.1038/ngeo2671