Es la principal conclusión de un nuevo estudio liderado por el Instituto de Ciencias del Mar (ICM-CSIC), que analiza por primera vez cómo esta presión está afectando, no solo a especies individuales, sino también a comunidades y ecosistemas enteros.
Un nuevo estudio internacional publicado recientemente en la revista Ecology Letters ha demostrado que la acidificación del Mediterráneo —causada por el aumento del CO₂ atmosférico— está simplificando la biodiversidad y modificando el funcionamiento de los ecosistemas costeros de nuestra región. Aunque hasta ahora los efectos de esta presión sobre especies individuales habían sido ampliamente estudiados, existen pocos trabajos que analicen cómo cambian simultáneamente comunidades y ecosistemas completos como consecuencia de este aumento del dióxido de carbono en la atmósfera.
El trabajo, llevado a cabo en los respiraderos naturales de CO₂ de Ischia (Italia) —zonas costeras donde burbujas volcánicas de CO₂ reducen de forma natural el pH del agua—, muestra cómo la acidificación afecta a procesos clave del océano como la calcificación, la fotosíntesis, la respiración o la absorción de nutrientes. Los resultados indican que estas alteraciones conducen a comunidades más simples, menos diversas y dominadas por unas pocas especies resistentes, que desplazan a las más sensibles, especialmente aquellas que forman estructuras calcáreas —esenciales para la construcción de hábitats marinos, la regulación del ciclo del carbono y la protección de las costas—.
Un laboratorio natural para entender el futuro del océano
Para la elaboración del estudio, el equipo científico colocó y trasplantó pequeños soportes en distintos puntos de la costa de Ischia donde el CO₂ que se libera del fondo marino hace descender de forma natural el pH del agua. Estos puntos reproducen las condiciones que se prevén en un futuro con un océano más acidificado, lo que ha permitido observar cómo se reorganizan y cómo cambia el funcionamiento de comunidades marinas completas.
En general, los resultados evidencian una transición ecológica marcada. A medida que disminuye el pH, los organismos calcificadores —como las algas coralinas y los briozoos— desaparecen rápidamente, mientras que las especies no calcificadoras de crecimiento rápido, especialmente algunas algas, se expanden. Los autores del estudio subrayan que este cambio implica una pérdida sustancial de biodiversidad y de biomasa, simplificando la estructura de los ecosistemas costeros.
Cambios en el funcionamiento de los ecosistemas
El equipo científico asegura que estos cambios estructurales están alterando considerablemente el funcionamiento del ecosistema. En este sentido, se observa que, en condiciones de pH bajo, las tasas de calcificación disminuyen entre un 50% y un 90%, hasta desaparecer completamente en los casos más extremos. En cambio, la fotosíntesis y la absorción de nutrientes aumentan de forma notable, llegando en algunos casos a multiplicarse por más de 200 si se consideran en relación con la biomasa. Además, las comunidades expuestas a condiciones de acidificación durante casi 15 años muestran los mismos patrones, lo que indica que estos cambios se mantienen estables a escala ecológica.
“Nuestros resultados demuestran que la acidificación oceánica no solo debilita los ecosistemas, sino que también los reorganiza”, explica Jérémy Carlot, autor principal del estudio.
“Cuando las especies calcificadoras desaparecen, las algas de crecimiento rápido ocupan su lugar y reconfiguran el flujo de energía y nutrientes en los hábitats costeros. Estos cambios redefinirán el funcionamiento y la resiliencia de los ecosistemas mediterráneos en un contexto de elevadas concentraciones de CO₂”, añade el investigador.
Por otro lado, el equipo destaca que, aunque algunos procesos parecen intensificarse cuando se normalizan por unidad de biomasa, estos incrementos ocultan una reducción significativa de la biomasa total de la comunidad. Como consecuencia, se espera que la productividad global por metro cuadrado disminuya bajo condiciones de acidificación más extremas. Además, los expertos señalan que otras presiones climáticas —como el calentamiento o la desoxigenación— probablemente intensificarán la pérdida de especies y alterarán aún más el funcionamiento de los ecosistemas.
En conjunto, el estudio muestra que comprender los impactos climáticos requiere mirar más allá de las especies individuales y evaluar el funcionamiento de ecosistemas completos. A través del análisis de gradientes naturales de CO₂, los investigadores aportan una evidencia poco común y muy valiosa de campo de que la acidificación oceánica ya está provocando cambios funcionales previsibles en los arrecifes rocosos mediterráneos. Esto subraya la necesidad urgente de reducir las emisiones de carbono y disminuir nuestra huella global de CO₂ para proteger los ecosistemas costeros.