Noticias | 20 Julio 2026

Treinta años de vigilancia revelan cambios en las proliferaciones algales nocivas en el litoral catalán

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En el «A fondo» de este mes presentamos los resultados de un nuevo estudio liderado por el ICM-CSIC que sintetiza casi tres décadas de seguimiento del fitoplancton tóxico y nocivo en el litoral catalán.

Las proliferaciones algales nocivas pueden producir toxinas o generar otros efectos adversos sobre los ecosistemas, la salud o las actividades económicas / ICM-CSIC.
Las proliferaciones algales nocivas pueden producir toxinas o generar otros efectos adversos sobre los ecosistemas, la salud o las actividades económicas / ICM-CSIC.

El medio marino no es estático, ni tampoco lo son las comunidades que lo habitan. Una síntesis de casi tres décadas de seguimiento del fitoplancton tóxico y nocivo en Cataluña muestra que la dinámica de estas microalgas ha variado de forma muy diversa a lo largo de la costa catalana: algunas especies se han vuelto más frecuentes o han ampliado su distribución, mientras que otras, antes habituales, han retrocedido.

Las proliferaciones algales nocivas (PAN) son episodios causados por microalgas que pueden producir toxinas o generar otros efectos adversos sobre los ecosistemas, la salud humana o las actividades económicas. No todas las PAN son tóxicas ni todas implican abundancias celulares elevadas. Por ello, los programas de seguimiento y vigilancia deben adaptarse a las especies, los hábitats y los periodos de riesgo.

Un artículo elaborado por personal investigador del Instituto de Ciencias del Mar (ICM-CSIC) y publicado recientemente en la revista L’Atzavara recoge esta trayectoria histórica y analiza los principales patrones ecológicos observados, con el objetivo de mejorar la gestión y la vigilancia de la costa.

Un litoral con grados de confinamiento diferentes

Una de las principales conclusiones del estudio es que las comunidades fitoplanctónicas de mar abierto y de aguas costeras son y funcionan de manera diferente. Además, estas comunidades no se distribuyen de manera uniforme a lo largo del litoral. El tiempo de residencia y la renovación del agua condicionan qué especies pueden proliferar y acumularse en cada zona. Los espacios más cerrados —como puertos, bahías, lagunas costeras o playas muy resguardadas— tienen una renovación de agua muy baja. Esto favorece la retención de retención de células, facilitando que determinadas especies nocivas persistan en ellos.

«El medio marino no es un sistema homogéneo. Las comunidades de mar abierto son muy diferentes de las costeras y, a lo largo del litoral, cada puerto, bahía o playa presenta unas condiciones particulares. Esta heterogeneidad condiciona qué especies pueden proliferar en cada lugar y debe tenerse en cuenta en los programas de seguimiento y gestión», explica Esther Garcés, investigadora del ICM-CSIC y autora principal del estudio.

Esta heterogeneidad tiene un impacto directo en la acuicultura. La bahía de los Alfacs es una de las principales zonas de producción de moluscos bivalvos de Cataluña. El seguimiento continuo es esencial: cuando las concentraciones de toxinas superan los límites legales, la recolección se suspende temporalmente para proteger la salud de los consumidores.

Una visión integrada del ambiente costero

Tradicionalmente, las PAN se han estudiado mediante la toma de muestras de agua y su observación al microscopio. Durante las últimas décadas se han incorporado nuevas técnicas de secuenciación molecular que permiten detectar especies muy poco abundantes o prácticamente indistinguibles mediante microscopía.

El seguimiento también ha incorporado las especies bentónicas que viven sobre macroalgas, así como los quistes de resistencia de diversas especies que se acumulan en los sedimentos. Si el muestreo se limitara a la columna de agua, estos componentes pasarían desapercibidos. En este sentido, el equipo científico señala que integrar lo que ocurre en la columna de agua y en el fondo marino es esencial para una gestión eficaz de los riesgos.

«Las técnicas moleculares han ampliado considerablemente la capacidad de detección, pero deben complementarse con observaciones microscópicas, métodos cuantitativos y análisis toxicológicos», explica Albert Reñé, investigador del ICM-CSIC y coautor del estudio. «La creciente preocupación por las proliferaciones bentónicas exige considerar el medio costero como un conjunto y no limitar la vigilancia a los muestreos convencionales de la columna de agua».

Una estacionalidad marcada

Los patrones estacionales de las proliferaciones varían entre especies. En las zonas confinadas, estos patrones parecen estar condicionados en gran medida por la hidrodinámica, la temperatura y otras variables ambientales, que pueden modificar el inicio, la duración y la intensidad de los episodios.

«Las series temporales muestran que no todas las especies siguen la misma tendencia», explica Nagore Sampedro, investigadora del ICM-CSIC y coautora del estudio. «Por ejemplo, Alexandrium minutum ha aumentado la frecuencia y la intensidad de sus proliferaciones en varios puertos y zonas confinadas, mientras que Alexandrium pacificum y Gymnodinium impudicum, comunes a finales de los años noventa y principios de la década de 2000, han experimentado un retroceso notable».

«Estas tendencias solo pueden detectarse mediante series de seguimiento mantenidas durante décadas. Sin datos sistemáticos a largo plazo, sería imposible diferenciar la variabilidad interanual de una tendencia ecológica sostenida», añade la investigadora.

El valor incalculable de las series a largo plazo

La principal aportación de este trabajo es mostrar el valor del seguimiento sostenido en el tiempo. Dado que no existe una única causa ni una solución directa aplicable a todas las especies que proliferan, la mejor herramienta de protección consiste en disponer de sistemas de alerta temprana basados en series largas y adaptados a cada entorno costero. Solo así es posible distinguir patrones recurrentes, identificar cambios en la distribución y la estacionalidad de las especies y evaluar cómo responden las comunidades a la variabilidad ambiental.

La colaboración de casi tres décadas entre el ICM-CSIC y la Agencia Catalana del Agua de la Generalitat de Catalunya ha permitido identificar patrones ecológicos, detectar cambios en la distribución y la estacionalidad de las especies y adaptar progresivamente las herramientas de vigilancia. Este conocimiento es esencial para anticipar riesgos, orientar la gestión costera y proteger la salud pública mediante medidas basadas en la evidencia científica.