Noticias | 18 Marzo 2026

Un nuevo estudio revela cómo bucean las tortugas verdes en aguas poco profundas y apunta a posibles riesgos relacionados con la captura accidental

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La investigación, liderada por el Instituto de Ciencias del Mar (ICM-CSIC), revela que las tortugas se sumergen con los pulmones parcialmente hinchados para mantener la flotabilidad en aguas poco profundas, lo que podría reducir sus reservas de oxígeno si quedan atrapadas en artes de pesca.

Las tortugas verdes están catalogadas como especie amenazada en muchas regiones / Nathan J. Robinson.
Las tortugas verdes están catalogadas como especie amenazada en muchas regiones / Nathan J. Robinson.

Un nuevo estudio liderado por el Instituto de Ciencias del Mar (ICM-CSIC) ha aportado nuevos datos sobre el comportamiento de buceo de las tortugas verdes juveniles en hábitats poco profundos, un entorno clave, pero todavía poco estudiado en el ciclo de vida de esta especie. La investigación, publicada recientemente en la revista Marine Ecology Progress Series, analiza cómo estas tortugas utilizan aguas de menos de cinco metros de profundidad en las Bahamas y apunta a posibles implicaciones para la conservación de la especie, especialmente en relación con las capturas accidentales en pesquerías.

Las tortugas verdes (Chelonia mydas) pasan buena parte de su fase juvenil en hábitats costeros poco profundos, donde encuentran alimento y refugio. Sin embargo, la mayor parte de los estudios sobre su comportamiento de buceo se han centrado en aguas más profundas. Para abordar esta laguna de conocimiento, el equipo de investigación utilizó cámaras instaladas en los animales y registradores de temperatura y profundidad para observar directamente cómo se mueven y cómo gestionan las inmersiones en estos entornos.

“Los hábitats muy poco profundos son fundamentales para el desarrollo de las tortugas verdes jóvenes, pero sorprendentemente todavía sabemos relativamente poco sobre cómo utilizan el espacio en ellos o cómo respiran y bucean allí”, explica Ruth Doñate-Ordóñez, una de las autoras del estudio. “Con la tecnología de cámaras y sensores hemos podido obtener una visión mucho más detallada de su comportamiento real.”

Hábitats poco profundos

Los resultados muestran que las inmersiones en estos entornos son relativamente cortas, con una duración media de unos 1,5 minutos. Además, el equipo observó que la duración de las inmersiones aumentaba con la profundidad y con el tiempo que las tortugas pasaban en la superficie antes de volver a sumergirse. En cambio, la temperatura del agua no mostró una influencia significativa en la duración de los buceos.

El análisis del comportamiento registrado por las cámaras también reveló una relación clara entre el tipo de actividad y la duración de la inmersión. Las inmersiones más cortas solían estar asociadas a comportamientos activos, como desplazarse o alimentarse, mientras que las inmersiones más largas se vinculaban principalmente con períodos de descanso en el fondo.

Según el equipo investigador, estos patrones podrían estar relacionados con la forma en que las tortugas regulan la flotabilidad en aguas poco profundas. En aguas profundas, las tortugas pueden llenar completamente los pulmones antes de sumergirse, lo que les proporciona grandes reservas de oxígeno, pero también hace que tiendan a flotar. En cambio, en aguas muy poco profundas esto puede dificultar mantenerse cerca del fondo.

“Nuestros resultados sugieren que las tortugas podrían iniciar las inmersiones con los pulmones solo parcialmente inflados para mantener una flotabilidad neutra”, explica Ruth Doñate-Ordóñez. “Esto les permitiría quedarse cerca del fondo con menos esfuerzo mientras se alimentan o descansan.”

Implicaciones para la conservación

Este comportamiento podría tener implicaciones importantes para comprender mejor los riesgos asociados a las capturas accidentales en pesquerías. La captura accidental —conocida como bycatch— es una de las principales amenazas para muchas especies de tortugas marinas en todo el mundo.

Si las tortugas bucean con los pulmones solo parcialmente inflados, la cantidad de oxígeno disponible durante la inmersión también podría ser menor. En consecuencia, si un animal queda atrapado bajo el agua en una red u otro arte de pesca, podría disponer de menos tiempo antes de agotar sus reservas de oxígeno.

“Si esta hipótesis se confirma, las tortugas capturadas en hábitats poco profundos podrían ahogarse más rápidamente que aquellas atrapadas en aguas más profundas”, señala Nathan Robinson, otro de los autores del estudio. “Esto pone de manifiesto la importancia de entender cómo utilizan estos entornos.”

Para las autoras y autores del trabajo, comprender cómo las tortugas utilizan los hábitats costeros puede ayudar a diseñar estrategias de gestión y conservación más efectivas. “Conocer el comportamiento de buceo en estos ecosistemas nos ayuda a identificar cuándo y dónde pueden ser más vulnerables a las actividades humanas”, explican. “Esta información es clave para desarrollar medidas que reduzcan las capturas accidentales.”

La investigación también demuestra el potencial de las nuevas tecnologías para estudiar animales marinos en libertad. Las cámaras portadas por los animales, combinadas con sensores ambientales, permiten observar comportamientos que hasta hace poco eran difíciles de estudiar con detalle.

“Cada vez tenemos herramientas más sofisticadas para ver el mundo desde la perspectiva de los animales”, destaca un miembro del equipo. “Esto no solo mejora nuestro conocimiento científico, sino que también puede tener un impacto directo en la conservación.”

Las tortugas verdes están catalogadas como especie amenazada en muchas regiones del mundo, aunque algunas poblaciones han mostrado signos de recuperación gracias a décadas de esfuerzos de conservación. Sin embargo, siguen enfrentándose a múltiples presiones, como la pérdida de hábitat, la contaminación y las capturas accidentales.

Según el equipo investigador, las futuras investigaciones podrían ampliar estos resultados analizando otras poblaciones o comparando el comportamiento de buceo en diferentes tipos de hábitat. También destacan la necesidad de integrar esta información en la gestión pesquera y en las políticas de conservación.

“Proteger las tortugas marinas requiere comprender en profundidad cómo utilizan su entorno. Estudios como este aportan piezas clave del rompecabezas y nos ayudan a avanzar hacia una convivencia más sostenible entre las actividades humanas y la biodiversidad marina”, concluyen.